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Arte en Miami
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| Como el yeso o el lienzo del paciente maestro, Miami se amolda a las circunstancias y toma forma. Es, |
| En la dŽcada de los 90, misericordiosamente, comenz— a pintarse una imagen muy distinta del sur de la Florida. Segœn se les daba un resplandor multicolor a los hoteles Art Deco de Miami Beach, toda la regi—n adquir’a nuevos matices. Consagrado centro de sol y playa, el Gran Miami, sin embargo, ha querido demostrarle al mundo desde entonces que, junto a la cultura del cuerpo, coexiste la cultura. Esa fachada se ha ido develando mayormente en los pasados cinco a–os a travŽs de museos renovados, exhibiciones de renombre, artistas trasplantados, nuevas galer’as y el tes—n de diversos individuos y organizaciones. ÀQue todav’a falta mucho por hacer? Sin duda. ÀQue se ha llegado lejos? Definitivamente. Prueba de ello es la vibrante comunidad de artistas que han hecho de la regi—n su hogar. Algunos de los talentos j—venes m‡s deslumbrantes en las artes pl‡sticas ahora imparten el sello de Made in Miami a su trabajo. |
![]() ÀQue todav’a falta mucho por hacer? Sin duda. ÀQue se ha llegado lejos? Definitivamente. |
Miami International Art Exposition, que se llev— cabo en el Centro de Convenciones de Miami Beach del 7 al 12 del pasado mes de Enero, 100 galer’as de 18 pa’ses se vieron representadas. Si bien la exhibici—n permiti— a sus miles de visitantes apreciar las obras de gigantes del arte como Picasso, Mir—, Chagall, Calder y Warhol, igualmente ofreci— la oportunidad de que los visitantes descubran a artistas emergentes o en desarrollo, particularmente latinoamericanos. La combinaci—n de obras presentadas bajo un mismo techo es tan eclŽctica como las mismas piezas. En Art Miami 99, por ejemplo, tuvieron su sitio ante el pœblico el artista uruguayo Carlos Capelan, quien vive en Suiza, Julio Gal‡n de MŽxico y residente en Paris y Fernando Botero. Y de Miami, JosŽ Bedia, Nina FerrŽ y Ruben Torres Llorca, entre muchos otros, tambiŽn tuvieron su espacio. Este a–o nuevamente, galer’as de la ciudad compartieron junto a notables representantes de otros mercados,incluyendo la Galer’a Nina Menocal, de MŽxico, instrumental en la diseminaci—n internacional de obras de exponentes cubanos. |
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Por su proximidad a Cuba, y por las nada convencionales condiciones de vida y trabajo en esa isla-naci—n, la Florida se nutre de un Žxodo peri—dico de sus artistas. De ah’ que el gran boom de arte latinoamericano en el sur de la Florida tenga un marcado acento cubano. Bedia ha sido uno de los que contribuy— a esto, junto a colegas como Arturo Cuenca y Consuelo Casta–eda. Algunos se quedaron aqu’, como Carlos Betancour otros se marcharon a Nueva York, donde tambiŽn encontraron fŽrtil terreno para crecer. Miami, por su parte, se hace cada vez m‡s colombiano, venezolano, brasile–o, y ese cambio demogr‡fico ha favorecido tambiŽn a los galeristas. Un paseo durante las famosas noches de galer’as en Coral Gables lo mismo puede sorprender con una obra Jean-Michel Basquiat o Andres Serrano. | ![]() |
| Antes s—lo dec’an Nueva York, Los Angeles, o MŽxico. Las influencias de esos ciudades permanecen imborrables, por supuesto, pero las tonalidades miamenses hoy d’a son inconfundibles. La ciudad cuenta con sus propios mecenas, como, Carlos y Rosa de la Cruz, Craig Robins; curadores que buscan definir el arte para el sur de la Florida en los albores del nuevo milenio, como Bonnie Clearwater, del Museum of Contemporary Art (MoCA), y Amy Cappellazzo de la Colecci—n de Arte Moderno de la familia Rubell, la disponibilidad de obras de artistas como Kenny Scharf, Keith Haring, y Duval-Carrie. La atracci—n que ejerce Miami no s—lo ha sido embrujo para que muchos artistas, y no artistas, se asienten aqu’. Las posibilidades de lo que ofrece el ‡rea han tra’do adem‡s a galeristas de todo el mundo, sobretodo de LatinoamŽrica, a probar suerte. De ah’ que nuevamente volvi— a celebrarse, como ya es costumbre cada Enero, la muestra Art Miami en su edici—n para 1999. En esta la novena Art |
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Tampoco crea que Coral Gables tiene contrato de exclusividad sobre los mejores artistas. Igualmente encuentra talento en galer’as de South Beach, North Miami Beach, Fort Lauderdale, Palm Beach, Boca Raton y hasta Tampa. ÀPor quŽ tantos artistas de LatinoamŽrica, o del resto de Estados Unidos y Europa, han optado por venir aqu’? DespuŽs de todo, esto no es Greenwich Village o la Rive Gauche. Aqu’ hay estudios asequibles (The Bakehouse Complex); centros de exposici—n (ArtCenter); museos (como el Miami Art Museum y el Fort Lauderdale Museum of Art); y toda clase de clase de subsidios (gracias a organizaciones como el Florida Arts Council y la Divisi—n de Asuntos Culturales del estado de la Florida). Porque como el yeso o el lienzo del paciente maestro, Miami se amolda a las circunstancias y toma forma. Es, como quien dir’a, un eterno Òwork in progressÓ. |